A diferencia de los adultos, los niños no suelen ser los demandantes de la terapia, ya que a menudo ellos no son conscientes del problema, de la dimensión o, en muchos casos, para ellos no hay ningún problema. En general, son los adultos quienes consideran la necesidad de que sus hijos, alumnos, pacientes, etc. acudan al psicólogo.
En mi práctica como psicoterapeuta, he recibido en mi consultorio papás confundidos, tristes, molestos, asustados, inconformes, etc., porque a sus hijos los han enviado a terapia, ya sea de la escuela o como sugerencia de su doctor (pediatra, médico familiar, neuropediatra, etc.)
Desafortunadamente, todavía en la actualidad, es mal visto que los niños asistan a psicoterapia porque eso significa que hay “algo mal” en ellos, y los papás, en muchas ocasiones lo introyectan como si estuvieran haciendo las cosas equivocadas con sus hijos, dejando a un lado las necesidades reales de los niños.
Se debe considerar que la psicoterapia infantil no es un castigo que reciben los niños por portarse mal, o por no poner atención en la escuela, o por la razón que se haya asistido a terapia; sino que se debe tomar como una herramienta que tiene como finalidad principal potenciar el bienestar emocional, psicopedagógico, cognitivo y social de los niños.
Son muchos los beneficios de la intervención psicológica infantil:
En definitiva, la psicoterapia para niños y adolescentes es una oportunidad para practicar herramientas que mejoraren su bienestar emocional, cognitivo y social.
A través de técnicas como el juego terapéutico, el niño aprende a expresar y comunicar sus problemas (familiares, escolares, sociales, etc.), preocupaciones, emociones y pensamientos, y practica las posibles soluciones para finalmente llegar a resolverlos.
La terapia de juego favorece a que el niño sienta confianza para expresar su personalidad y mostrarse tal y como es, sin sentirse amenazado o interrogado.